Pasé mi vida entre andenes.

Pasé mi vida entre andenes.

11 oct. 2011

LUCHAR.

Una de mis pasiones es luchar. Apenas tenía un añito cuando ya me llevaban a esos sitios tan extremadamente extraños. Recordaba con nitidez aquella multitud de gente gritando, cantando, bailando, todos en una piña y al mismo tiempo, lo que hacía que fuera más bonito aún. Quizá fuera demasiado pequeña para entenderlo, pero intuía que lo que me transmitía era algo bueno.
Mi madre y mi padre me contaban año tras año el motivo por el cual acudíamos a tales sitios, pero jamás llegué a retenerlo en la cabeza. Esta historia se repetía cada año que pasaba hasta que empecé a comprenderlo todo mejor, me percaté de que el motivo de estar todos unidos tendría un bonito fin, el de luchar por algo.
Llegan los 16 y, aunque no te quieres dar cuenta, todos esos pasos dejan huella, ahora es cuando soy consciente de todo lo que significa lo que me han estado enseñando en el camino de mi vida, y ahora es cuando te paras a pensar en que te toca a ti seguir con el relevo, que eres, en cierta manera, el futuro.
A veces me da por sentarme delante de mis abuelos y les pregunto con ansia todo por lo que han luchado en el recorrido de su vida y lo que han llegado a conseguir con tanto esfuerzo y dedicación.
Siempre me cuentan la historia de mi bisabuela, saliendo con la bandera republicana a la calle al principio de la guerra, o la de mi bisabuelo, sargento del ejército republicano en la Guerra Civil, que le costó la vida cuando mi abuelo apenas tenía 4 años.
Todo esto me enseña a ser valiente, a no temer a nada, a conseguir mis objetivos por muy duro que sea, a comerme el mundo, a estudiar, a aprender, a informarme para así ser más libre y crítica con las situaciones concretas y las injusticias de la vida.
A lo largo del camino que he vivido durante todos estos años, me han caído encima millones de reproches al querer transmitir mi forma de pensar que muy pocos compartían, quizá fuera porque soy algo rara o al menos un tanto diferente al resto. Solía rodearme de gente muy distinta al resto, con un sentido crítico de la realidad y ajeno a este mundo. También tenía amigas que pensaban que estaba algo obsesionada con sacarle pespuntes a todo, pero supongo que eso es lo que me hacía sentir viva.
Cuando llega el punto en el cual necesitas sacar todo de ti, te ves obligada a actuar, sobre todo si ves injusticias a tu alrededor con las que no estás de acuerdo, por lo que se debe salir a la calle a protestar, a argumentar a los que ignoran la realidad y a dialogar para que se den soluciones, siempre intentando que te escuchen e interesándote por las ideas de los demás.
Aunque hay personas que ni siquiera se acercan a ti para preguntarte porque prefieren evadirse de la realidad, hay que luchar para que esto cambie, y supongo que el comienzo de esta nueva historia se encuentra dentro de esta generación que en un futuro será la que conducirá a esta sociedad hacia un nuevo horizonte, confiando en que sea más justo, democrático y participativo.